El primer chef mexicano en obtener una estrella Michelin. Carlos Gaytán combina su amor por las técnicas de la cocina francesa con su profunda herencia mexicana para crear platillos revolucionarios que cuentan una historia de tradición e innovación.
Carlos Gaytán creció en Huitzuco, Guerrero, con una cocina de raíces muy de casa: campo, fuego y recetas familiares que le enseñaron a respetar el sabor “de origen”. Con esa memoria como brújula, decidió buscar oportunidades fuera de México y apostar por una carrera que, en ese momento, parecía inalcanzable
Su cocina se basa en el respeto por el producto, la tradición y la innovación consciente. Cada platillo busca contar una historia auténtica, demostrando que los sabores mexicanos pueden expresarse con elegancia y técnica sin perder identidad. Hoy, a través de su colaboración con Knorr, el Chef Gaytán comparte su visión para acercar la experiencia de la alta cocina a la mesa cotidiana.
Al llegar a Chicago —todavía muy joven— empezó desde abajo: trabajó como lavaplatos (y después en cocina) en hoteles y restaurantes, absorbiendo disciplina, ritmo de servicio y técnica clásica, especialmente la francesa. Fue un camino de oficio: turnos largos, aprendizaje práctico y la obsesión de perfeccionar métodos sin soltar su identidad mexicana.
A partir de ahí, su historia se volvió referencia: demostró que el “toque mexicano” puede jugar en la misma liga que cualquier alta cocina del mundo sin diluirse. Después siguió expandiendo su visión con nuevos proyectos —como Tzuco en Chicago— y volvió a sumar reconocimientos Michelin en años recientes con su cocina en México, reforzando la idea central de su carrera: técnica del mundo, corazón mexicano
Le da “cuerpo” y profundidad desde el primer minuto: ideal para arrancar caldos, fondos, arroces y guisos sin perder tiempo.
Cuando cocinas para muchos (o para servicio), necesitas que el sabor salga igual de bien cada vez. Knorr Suiza ayuda a estandarizar el toque.
No tapa ingredientes: realza jitomate, cebolla, ajo, chiles y hierbas. Es ese empujón que hace que “sepa a México”.
Permite ajustar con precisión: puedes subir sabor sin pasarte de sal, y lograr ese perfil más redondo y “antojable”.
Usando menos, logra mucho impacto: optimiza cocina, reduce merma y mantiene el sabor “de casa” en el plato final.